Halloween en Colombia es, sobre todo, una fiesta de niños y disfraces. Perfecta así. Pero si usted es de los que a esa edad ya se emocionaba más con los libros que con las bolsas de dulces, esta nota es para usted.
Hay un Halloween paralelo, menos ruidoso, que no se celebra en la calle sino en el sillón. Un lector, una lámpara, una taza. Un libro que empieza con una frase corta y que, a las dos páginas, le arruina a usted el ánimo de una manera deliciosa. Esa tradición es más vieja que los disfraces. Y en Ícaro Libros tenemos de todo para alimentarla.
Aquí van siete títulos. Uno por noche, si quiere, hasta el 31. O todos a la vez si es valiente.
1. Drácula — Bram Stoker (Cátedra)
Por el principio. Si solo ha visto películas, no sabe lo buena que es la novela. Stoker la escribió en 1897 como un rompecabezas de cartas, diarios y recortes de periódico. Esa estructura es lo que la hace tan rara y moderna: usted va leyendo documentos sueltos y la figura del conde se arma solo en su cabeza, por lo que no se dice. La edición de Cátedra viene con introducción crítica, notas al pie y aparato filológico. Para leer serio.
2. Frankenstein o el moderno Prometeo — Mary Shelley (Cátedra)
Mary Shelley tenía dieciocho años cuando escribió esto. Dieciocho. Y escribió el libro que inventó la ciencia ficción moderna. Frankenstein no es solo una historia de miedo: es un libro sobre la paternidad, sobre la soberbia, sobre lo que pasa cuando uno trae algo al mundo y después no lo quiere. La criatura, por cierto, no se llama Frankenstein. Ese es el nombre del doctor. Esto siempre lo olvidamos.
3. Cuentos 1 — Edgar Allan Poe (Alianza)
El maestro del cuento de terror, siempre. En este primer tomo de la edición de Alianza —traducción de Julio Cortázar, por cierto— están los imprescindibles: El gato negro, El corazón delator, La caída de la casa Usher, El pozo y el péndulo. Poe escribía con una precisión quirúrgica el momento exacto en que el narrador se da cuenta de que algo malo le está pasando a su mente. Nadie lo ha hecho mejor.
4. Cuentos — Horacio Quiroga (Cátedra)
El Poe sudamericano. Uruguayo de nacimiento, Quiroga vivió casi toda su vida en la selva de Misiones y de ahí sacó un universo de muertes absurdas, hormigas devoradoras, gallinas degolladas, maridos envenenados sin razón aparente. El almohadón de plumas es, probablemente, el mejor cuento de terror que se ha escrito en español. Esta antología de Cátedra está impecablemente editada.
5. Siempre hemos vivido en el castillo — Shirley Jackson (Minúscula)
Jackson es la gran reina del terror doméstico. No hay fantasmas, no hay sangre: hay dos hermanas viviendo solas en una casona después de que casi toda la familia murió, misteriosamente, envenenada en la cena. Y hay un pueblo que las vigila. Y hay una voz narradora —la de Merricat, la hermana menor— que es una de las más perturbadoras de la literatura del siglo XX. Si no la conocía, va a entender por qué hay un culto entero alrededor de ella.
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6. En las montañas de la locura — H. P. Lovecraft (Cátedra)
Lovecraft inventó un tipo de miedo nuevo: el miedo cósmico. No el miedo al monstruo que se come al protagonista, sino el miedo a descubrir que el universo entero no tiene nada que ver con nosotros, que lo que creíamos era un error, y que hay cosas antiguas, enormes, indiferentes, debajo del hielo. En las montañas de la locura es una expedición a la Antártida que empieza como artículo científico y termina como pesadilla. Edición Cátedra con estudio preliminar.
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7. Siete casas vacías — Samanta Schweblin (Páginas de Espuma)
Terminamos con una autora viva, argentina, de nuestro tiempo. Schweblin construyó un universo de relatos cortos donde el horror está adentro de la casa, en los gestos cotidianos, en una conversación entre vecinos que de pronto se tuerce. Nadie da miedo sin dar miedo como ella. Este libro ganó el Premio Ribera del Duero y es, probablemente, el mejor libro de cuentos en español de la última década. Lectura rápida, impacto largo.
Para cerrar
Elija uno. O dos. O los siete si tiene el mes libre. El punto no es cuántos lea sino que esta noche de Halloween haga una cosa distinta a la que hace todo el mundo: apague el celular, prenda una luz tibia, abra el libro, no se mueva.
El miedo bien contado es uno de los grandes placeres de la literatura. Y uno de los pocos que mejora con la edad. Aproveche.
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Feliz Halloween. Y buenas noches.






